miércoles, 3 de marzo de 2010

fue un diciembre, en la parada de colectivo que veo desde mi ventana. era nuestra primera salida después de conocernos y el estaba algo cauteloso por nuestra diferencia de edad, que quizá en ese momento podía hacer un poco de ruido. quizo parar un taxi que pasó de milagro pero en lugar de subirse me dio un beso... y otro. me dijo que tenía ganas de verme otra vez. y así fue.
jodido conocer a alguien que te gusta en diciembre. pero entre toda esta cosa de navidad y año nuevo nos vimos un par de veces antes de terminar el año. incluso logró que viaje hasta una isla en tigre, se entiende?

pasaron las benditas fiestas, y nos vimos la única noche que coicidimos en buenos aires antes de irnos de vacaciones, cada uno por su lado. 'voy a estar acá', dije mientras le entregaba un papel con la dirección de la casa donde iba a a pasar mis vacaciones con amigas. tenías muchas ganas de verlo ahí, pero no pensé que iba a ir.
wroooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooong.

llegó una noche en la que me disponía a lavar los platos, como aporte vital a la convencia en esa casa bizarra en la que pasé una de las vacaciones más divertidas de mi vida. me llamó al celular (recordemos que en esa época, aunque ya siglo xxi, los sms no eran populares ni acepatados por la tecnología de muchos teléfonos portátiles) y me dijo que estaba en el centro de gesell, a unas pocas cuadras de mi hogar veraniego. mis amigas me mandaron a bañar, don't know why, y me dejaron en la puerta de nuestra casa, cuya altura era algo dificil de encontrar. y ahí empezó todo.

escribo sobre el comienzo porque no puedo con los finales. además, nuestras historia juntos vale más que el final.

domingo, 13 de diciembre de 2009

que año de mierda

pero posta, nada de medias tintas... completito el muy jodido. y te queda poco, conjuntito de 12 meses. así que ahorrame discursos y andate a donde no te pueda volver a encontrar.

2009 y la puta que te parió...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

good bye, blue sky



Tengo problemas con los finales, siempre fue así.
Acabo de despedir -¿enterrar?- a mi bisabuela de 98 años años,
esa que aguantó más de la cuenta…

Por ósmosis, nadie vive tantos años
¿O si?
Igual, se fue de mambo
Con esa edad, es lógico que se vaya…

Bueno, a mi me cuesta un huevo
Lloro sin parar
Y pienso cómo no dejarla ir…

Pero se fue

TE AMO, CECI
SIEMPRE

viernes, 23 de octubre de 2009

ya no



Ya no será,

ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa, no te tendré de noche

no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca

ni si era de verdad lo que dijiste que era,

ni quién fuiste, ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido vivir juntos,

querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú

Ya no serás para mí más que tú.

Ya no estás en un día futuro

no sabré dónde vives, con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.



(idea vilariño)

jueves, 16 de abril de 2009

seconds...


Todo puede cambiar en un segundo. Incluso cuando lo pensaste tanto tiempo, ese segundo final es el momento en que sucede, en que se hace real. Deja de ser un proyecto, una idea, para ser algo que pasa. Es verdad que las revoluciones se convierten en tales cuando estallan, luego de gestarse durante días, meses, años… muchos años quizá. Pero ese último segundo es el que define, el que te hace tomar el trago de cerveza que marcará la diferencia entre una noche alegre y una que no podremos recordar. Pero es así, las decisiones constantes son las que definen lo más ínfimo y lo más gigante.

Ese segundo que se destaca a veces se reduce a lo que podemos controlar, pero muchas veces se marca por su cuenta. Una llamada telefónica, una calle cortada, una palabra, una maniobra de mi vieja hace más de 20 años para que ese camión no nos golpee tan fuerte y yo siga viva. Son esos segundos que son más que una aguja girando.
También están los segundos gloriosos, donde una sensación inexplicable te encuentra y juega dentro de tu cuerpo. Un puñado de tiempo ínfimo que va a definir la escala sensorial. Los mejores recitales, las canciones, los mates, los libros, las tardes. Esas porciones temporales que implican algo irrepetible. Esa primer acorde de In the flesh en vivo. La noche que tocó Devendra y al levantar la vista me di cuenta que no había techo. Mi primer despertar agradable después de muchas noches de insomnio. Infinitos segundos que no quiero dejar ir, y que al pensarlos todos juntos se vuelven tiempo y pierden la gracia. No trato de decir nada, sólo pienso. Me doy cuenta que pasé mucho tiempo sin pensar en los segundos, en las unidades más básicas, en las porciones más pequeñas que forman esta rueda. Los segundos decisivos (propios y ajenos), los trágicos, los milagrosos, los inevitables, los que son más únicos que el resto. A veces el tiempo se convierte en un karma, en una pelota que aplasta la cabeza, nos persigue, nos define y hasta nos aterra. Como una bella pulsera nos marca el paso, y nos pisa más de lo que lo disfrutamos. Puto tiempo que no se si desperdicio o aprovecho, pero que define, suena, tic tac. Suena. Está ahí, esa convención. Tantas cosas sin pasar, esperando echar a rodar. Pero la espera, también es tiempo. Tiempo muerto. Pero si está muerto, ¿sigue siendo tiempo? Porque el tiempo pasa, y la espera aguarda. Entonces veo que espero mientras el tiempo pasa, y no se qué me detiene. ¿Será otra convención?


sábado, 31 de enero de 2009

new kids on the block

Trasnochar por demás a veces puede ser muy surrealista. De golpe y porrazo te das cuenta que tenés vecinos que saludan (los del turno tarde parecen bastante constipados), el kiosquero del kiosco que está siempre cerrado habla tras bambalinas sobre unas botellas de coca cola vencidas (¿vence la coca cola?!) y en el ex canal 11 (nunca telefé) emite capítulos de La Niñera. Y eso que volví caminando...

lunes, 1 de diciembre de 2008

kamikaze

Me salté la parte más interesante del cuento. Esa donde la protagonista deja el trabajo de oficina para perseguir su sueño de vivir como actriz. Obvio que ahora los quilombos son otros, pero serán protagonistas de otros capítulos.

Fue en el mes de junio. Hacía frío y en la Ciudad de Buenos Aires había paro de subtes. Dos horas y media arriba del colectivo fueron las necesarias para decir basta. Pero no ese basta recurrente con tono de deseo más que de certero. Era un basta real, se había terminado todo. Hice cuentas, comuniqué la decisión a mis seres más cercanos y un mes después estaba juntando las cosas de mi escritorio, que hoy ocupa un joven recién graduado y no tan contaminado (que me acabo de enterar que ya renunció). No hubo planes, el presente laboral se fue construyendo día a día y hoy ando con lo justo para vivir el mes que viene pero soy una chica feliz haciendo uso de esta peligrosa libertad.
No renuncié del todo a mi carrera profesional, pero cada vez hago más lo que adoro hacer. Entre a una compañía de teatro (por casting, carajo!) y mi trabajo semanal incluye muchos ensayos y algunos shows (suspendidos por lluvia estos últimos días…). Hay planes para el año que viene, por ahora poco laburo. Habrá que pasar el verano, a los ponchasos, pero cuanta alegría. El placer de tomar una decisión y llevarla a cabo con todas las consecuencias que esto trae consigo, es inexplicable. Complicado, pero divino. Tantos años soñando tener la valentía suficiente para ir detrás de la vida que quiero, que el miedo a lo incierto no hace tanta sombra. La crisis existencial es crónica, solo hay que pasarla con un poco más de glamour.

Me tomé mi tiempo para escribirlo, quizá necesitaba asimilar el cambio. Esto también incluye el hecho de que finalmente vivo sola. Mantengo todo esto que me rodea a base de malabares literales y poéticos.
Así es que empiezo a escribir un nuevo capítulo, otra historia, contenta, viendo a donde me lleva toda esta locura. wellcome back.