viernes, 25 de abril de 2008

va...

Cumplí años otra vez, soy tan de aries. A mi este tema de sumar abriles me pone un poco incómoda. La sensación de sentir que el tiempo pasa y que lo uso mal, que no avanzo yo sino que son los años los que me pasan por arriba como la gente que se baja del subte en Carlos Pellegrini a las 6 de la tarde. De todas formas, y quizá con cierto ánimo de mitigar el malestar que indefectiblemente provoca este tipo de balance, lo festejo. Pese a no ser muy amiga de las multitudes (término que aplica para un número superior a las 5 personas en una misma habitación/mesa/casa), me junto con la buena gente que me rodea a pasar un buen rato. Quizá sea una mera excusa para socializar y concretar reuniones que siempre se posponen en la vorágine semanal. Esta vez, volvimos a la Luján, la casa de mis viejos, definida entre mi círculo íntimo como el paraíso más cercano a nuestros domicilios.
La noche previa a sábado festivo, y luego de luchar contra el humo del acceso oeste, nos instalamos allí. Se hicieron las 12 a la altura de General Rodríguez, ponele, y yo lo único que quería era bajarme del auto porque el tránsito nocturno-ahumado me da un miedo de esos que te hacen sentir una pelotuda. La colorá (boló) me saludó por mensaje de texto desde el asiento de atrás y me dio tanta gracia que la cara de pánico se me sonrió por unos segundos. Después puso un jabón garden angel de vainilla frente a mis narices y, wow, como amo los jabones garden angels de vainilla. Acto seguido, llegamos. Recibí regalos y tomamos cerveza en la galería, con floyd mordiéndome los dedos de los pies. Al otro día se largó el asado, la música, el bello aire libre ahumado que me dejó los ojos secos, y comimos torta tirados en el pasto. Mi viejo, autor de los asados que se llevan más aplausos, jugaba a la pelota con nosotros y sobornaba a los del equipo contrario amenazando con cortar el suministro de cerveza. Mi vieja jugaba a la generala, no paraba de ofrecer comida y se abstuvo de contar anécdotas incómodas (para mi) sobre mi infancia. Mi prima socializaba (habla!) y no se fue a dormir la siesta. Es que sí, con todos sus defectos (y los míos), mi familia es lo mas. Y mi gente… la elegida, la que está, la que queda porque vale, es una maravilla. También los que llegaron de sorpresa en un mensaje de texto. Entonces por un fin de semana te escupo el balance en la cara y disfruto lo que hay, lo que está, lo que hice, lo que hicimos, lo que tengo, que el domingo a la noche ya voy a tener tiempo de pensar en el lunes. Y una semana después me voy a encontrar atormentada, pensando sin resolver, sentada en la oficina tratando de entender qué es lo que estoy haciendo mal, contando las monedas para llegar a fin de mes y decidiendo escribir sobre algo que me arranque algunas sonrisas.



lunes, 14 de abril de 2008

bloody monday

Bajé a comprar un paquete de vainillas, en el kiosco de la esquina venden un pack individual que contiene siete unidades. Quizá este sea el momento más feliz de la tarde: comer siete vainillas. Hay días como hoy en los que entregaría un riñón (como Locke, pero voluntariamente) a cambio de una siesta. Ayer soñé que salía de trabajar a las cinco de la tarde, a las cinco ¿entendés? Y acá ya son casi las seis y nada… (tipo, nada). Para colmo estoy por cumplir años y a esta altura de la vida no da seguir sumando velas. O sea, agrandemos la torta nomás que me da fobia ver tan ante mis narices como se me va la vida y yo pululando cual quinceañera pero con actitud cuarto de siglo y después.

La culpa de todo la tiene el lunes, sabelo.

Y sólo me quedan tres vainillas. La felicidad se torna efímera, as usual.

viernes, 4 de abril de 2008



but I'm a creep
I'm a weirdo
what the hell am I doing here?
I don't belong here



La profesora de diseño es una mujer joven, muy alta, delgada y con una boca prominente. Le gusta hacerse la graciosa y es súper canchera y cool. Básicamente, es insoportable. Habla de los colores primarios como si lo hiciera con niños que en su vida tuvieron una mínima aproximación a un aula de plástica y ayer explicó cinco veces como cortar una hoja al medio. Usa ropa de dudosa calidad, mezcla telas que oh my god y el otro día tenía puesto un par de zapatos tipo guillermina con medias de algodón. No way. Es una de esas mujeres de falso buen humor y risa poco creíble. Obvio que a mi no me da ni pelota, dudo que le caiga bien mi persona. A mi no me caería bien una alumna que desde el medio del aula me mira con el ceño semi fruncido, con cara de '¿a ver qué cosa interesante tenés para enseñarme?', como sobrando todo lo que estoy diciendo. Insiste en decir que el violeta es un color secundario y yo me muerdo los labios porque se que no es así. Igual lo que quiero es que me enseñe a dibujar, y con eso vamos bien. Decí que ahora se sumó una gordita simpática que da clases de historia del arte y de la moda, y que en lugar de decir carajo dice carancho. Y por ahora viene salvando el cuatrimestre. Porque ya estoy cansada de que nada ni nadie me sorprenda, can-sa-da. Y ya se que estoy cansada porque hago muchas cosas (aunque no conduzcan a nada, shit), pero digo cansada de podrida, de hasta acá, de ufa me aburro, de qué carajo estoy haciendo acá sentada y todas esas cosas. Meterme en una facultad/escuela/institucióneducativa otra vez, pucha que es un desafío para mi cerebro.


El otro día entrando al teatro un pibe me dijo, 'no sos una isla'. ¿y vos qué sabés? Quizá estoy llena de palmeras y rodeada de agua cristalina, y seguro que para entrar necesitás pasaporte.