A desilusionarnos. A eso parece que vinimos. Desde chicos, donde el mundo parece un castillo de colores lleno de caramelos y el cielo está al final de la rayuela. Y después crecemos y nos damos cuenta que papá noel no existe, los reyes nunca se comieron el pasto, los camellos no se tomaron el agua y nunca hubo un ratón simpático dejándonos dinero bajo la almohada. Perdemos la capacidad de solucionar los conflictos compartiendo un paquete de galletitas y de golpe no somos tan frontales como para pararnos adelante del otro y decirle me enojé y corto mano corto fierro, para volver a las pocas horas y que los dos circulitos formados entre pulgar e índice reviertan su movimiento al grito de junto!. Después nos vemos envueltos en un juego de adolescentes conflictuados, con vueltas innecesarias y malos tragos bebidos de un vaso vacio. Y muchos andamos al margen, tal como escribía hace poco mi querida lu. Y al margen porque en el centro no tenemos lugar, porque alguna vez yo quise escaparme del costado y no fue una buena experiencia. Así es que después te das cuenta que los lindos no son tan lindos, las líderes no siempre te llevan a un buen puerto y que la popularidad realmente apesta. Entonces terminamos la escuela y meses más tarde descubrimos que ese ‘las puertas siempre van a estar abiertas para ustedes’ era otra mentira más. Rodeados de estigmas salimos a abrazar la profesión (vocación o desconcierto), que tiempo después la ejercemos y quizá nos damos cuenta que nada tiene que ver con lo que imaginamos. De golpe ahora veo que acá sentada, periodista como quise ser, nada es como lo pensé. Y ahí va una desilusión más. Otros tantos habrán quedado con la carrera a la mitad y algunos disfrutan y aman lo que hacen; claro está que no todos son como yo. Pero así es que todos los días cumplimos una jornada rodeada de gente que no elegimos. Yo siento que hay abismos entre mi mundo y el de quienes me contratan, abismos muy grandes. Y entre toda esta desilusión, donde sentimos que nadie ve el mundo desde este mismo lugar, siempre a algo nos aferramos. Primero, a nosotros. Y después en ese escueto grupito de personas que aparecieron nosecomo y achicaron el abismo con el resto del mundo. Ese abismo que incluso vislumbré cuando los que creía tan cercanos en realidad estaban caminando por otra vereda.
Aunque no lo parezca algo de optimismo me queda adentro, porque entre tanta desilusión una aprende a preservarse. Aprende a fuerza de golpes a no exponerse a situaciones que puedan agrandar ese pozo que nos separa del castillo. Y con el tiempo miramos a nuestro alrededor y nos damos cuenta que quedamos pocos en esta isla, y que todavía hay gente que te mira a los ojos y no juega a la novela adolescente. Algún puñado de consecuentes con lo que muestran de la boca para afuera, con lo que siempre mostraron ser. Un puñado que refleja que no sos la única que se siente sola en el medio de esta mierda. A medida que crecemos nos terminamos dando cuenta que en el fondo la gente no cambia tanto, que el que tenía actitudes de mierda, posiblemente vuelva a tenerlas. Y nosotros las aceptaremos o no, pero sabremos que es así. Que la calladita del costado posiblemente tenga mucho para enseñarme y que los que corrían a tu auxilio si te sangraba la nariz quizá hoy no tengan nada interesante para decir. Y desconfiamos de quien parece demasiado simpático. Porque son tantos los que se hacen, que desilusiona. Tantos personajes desfilando por este tapete, y que no quiero al lado. Porque alguna vez se acercaron por lástima, y la verdad es que te la podés perder en el bolsillo a esa lástima. Y asi con el tiempo quedamos nosotros, junto con lo que construimos a fuerza de ser lo que somos, tratando de no engañarnos y sin pretender que somos algo que no. Honestos y vulnerables, pero nosotros al fin. Y si, al final del túnel, entre toda esta malaria, siempre hay alguien que no nos va a desilusionar. Empezando por nosotros, claro.
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Que descarga te has mandado! :-o
ResponderEliminarSuelo ser confiada y por eso me desilusiono, pero mas alla de eso no creo que sea tan negativo como lo pintas. Por ahi es un momento...
Lo que mas me desilusiona es esperar que los demas actuen como yo lo haria, porque se que nunca va a pasar y, si sucede, es un bonus. Pero es culpa mia por pedirle peras al olmo, no?
No todo el mundo es falso, aun en este mundo de caretas que es internet. Yo conoci gente de mierda y gente buena en todos lados, y a veces lleva tiempo decantar tanta mentira... pero no es imposible.
En fin, solo queria decirte que uno crece y pierde la inocencia pero tampoco es tan grave porque ganamos otras cosas. Animos!
Un beso xx
Y de las desiluciones se aprende, y es una cagada aprender así, pero bue, es así, vió?. Alguien me dijo una vez que mientras se viva con la menor cantidad de expectativas, mejor, debe ser porque a menos expectativas, menos desiluciones. pero la verdad es que a mí no me sale.
ResponderEliminarGracias por la cita.
Besos miles.
uff....desde el título hasta el "claro" del final, lo comprendo todo. lo comparto y lo construyo desde la misma base. dudo q sea un momento.... salvo q a los momentos se les permita durar años... estoy lastimada otra vez.
ResponderEliminary así me siento vulnerable ante todo.
no es por azar q tenga q ingerir dos pastillas diarias para controlar el corazón. (el de verdad, no el poético. ese q está lleno de venas y no es uniforme y lindo como solemos dibujarlo).
y si le pido peras al olmo, es porq lo necesito. y espero no abandonar hasta encontrar algo diferente. no me declaro culpable por eso.
pero sí vuelvo a tener 3 años cuando me equivoco taaanto.
creo que no me pasa taaanto porque hago un severo "estudio de mercado" antes de acercarme realmente a la gente
ResponderEliminarpara cuando me acerque ya se con que bueyes aro
besos nos vemos en lo de locasola
uy lau, hace rato tengo ganas de charlar con vos, y cada vez mas
ResponderEliminarte quiero mucho, loca
será en la próxima cerveceáa