Estaba en mi mundo. Me senté en una silla que parecía llevar mi nombre. Sucedían cosas alrededor pero todo pasaba en otro plano, a otra velocidad. No drugs, just me and my head. A veces parece que el mundo que me rodea va hacia un lugar al que no tengo ganas de ir. Entre todo el bullicio me quedo escuchando mi silencio. Algunas caras conocidas, entre ellas mi amiga a la que yo sigo llamando como en los años de facultad, nunca por su apodo nuevo. Juego a interactuar con el resto un rato, pero me doy cuenta que me genera un esfuerzo, y lo abandono. Se hace de día, todo sigue su curso y yo vuelvo a casa, donde dejé flor de quilombo que me gusta acomodar por la mañana. La noche siguiente sigo siendo la misma, pero en otro contexto: un bar en algún lugar limítrofe de Caballito. Me encuentro con algunas caras conocidas que hacía años no veía, me pido una guiness y brindo, pero no por fin de año y esas cosas que nos hacen levantar las copas en diciembre con más frecuencia. Es un cumpleaños. Ese mundo me resulta, aunque no tan conocido, más familiar, entonces no tengo el problemita de las velocidades, los planos y ese asunto de no entender por qué se ríe toda esa gente alrededor. Menos mal, a veces me doy miedo. Así que me relajo. Me reí un rato, aprendí algunas cosas sobre Tanzania (por ejemplo, que ese país se para cuando Argentina y Brasil juegan un partido de fútbol) y recordé que los que fuimos a ver a Aquelarre esa noche de diciembre (pero en 1998) al Teatro Presidente Alvear éramos un montón. Y caminé desde el Cid hasta casa disfrutando de una fresca noche de verano.
justo tenía que empezar la semana cuando yo la empezaba a pasar bien. u fuck.
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