lo gracioso fue que cuando me pidieron que lo explique, tuve que decir: “soy modelo de manos”.
martes, 18 de diciembre de 2007
fragmentos de fin de semana
Estaba en mi mundo. Me senté en una silla que parecía llevar mi nombre. Sucedían cosas alrededor pero todo pasaba en otro plano, a otra velocidad. No drugs, just me and my head. A veces parece que el mundo que me rodea va hacia un lugar al que no tengo ganas de ir. Entre todo el bullicio me quedo escuchando mi silencio. Algunas caras conocidas, entre ellas mi amiga a la que yo sigo llamando como en los años de facultad, nunca por su apodo nuevo. Juego a interactuar con el resto un rato, pero me doy cuenta que me genera un esfuerzo, y lo abandono. Se hace de día, todo sigue su curso y yo vuelvo a casa, donde dejé flor de quilombo que me gusta acomodar por la mañana. La noche siguiente sigo siendo la misma, pero en otro contexto: un bar en algún lugar limítrofe de Caballito. Me encuentro con algunas caras conocidas que hacía años no veía, me pido una guiness y brindo, pero no por fin de año y esas cosas que nos hacen levantar las copas en diciembre con más frecuencia. Es un cumpleaños. Ese mundo me resulta, aunque no tan conocido, más familiar, entonces no tengo el problemita de las velocidades, los planos y ese asunto de no entender por qué se ríe toda esa gente alrededor. Menos mal, a veces me doy miedo. Así que me relajo. Me reí un rato, aprendí algunas cosas sobre Tanzania (por ejemplo, que ese país se para cuando Argentina y Brasil juegan un partido de fútbol) y recordé que los que fuimos a ver a Aquelarre esa noche de diciembre (pero en 1998) al Teatro Presidente Alvear éramos un montón. Y caminé desde el Cid hasta casa disfrutando de una fresca noche de verano.
justo tenía que empezar la semana cuando yo la empezaba a pasar bien. u fuck.
justo tenía que empezar la semana cuando yo la empezaba a pasar bien. u fuck.
domingo, 9 de diciembre de 2007
working class hero
miércoles, 28 de noviembre de 2007
entonces
take me out tonight
take me anywhere, i don't care, i don't care, i don't care
and in a darkened under-pass
i thought, oh god, my chance has come at last
but then a strange fear gripped me, and i just couldn't ask
take me anywhere, i don't care, i don't care, i don't care
and in a darkened under-pass
i thought, oh god, my chance has come at last
but then a strange fear gripped me, and i just couldn't ask
domingo, 18 de noviembre de 2007
it's all about the music
‘¿Qué es eso? ¿Una video casetera nueva?’, le pregunté a mi viejo al ver ese nuevo aparato en la mesa del comedor. Era un regalo, pero no recuerdo bien de quién. Estaba envuelto en un papel rosa chicle, tipo afiche. Esto fue hace unos 15 años y como respuesta recibí un: ‘no, es un reproductor de CD’. WOW. ‘Pero no tenemos ningún CD’, respondí absorta. El patrimonio musical de la familia por ese entonces se limitaba a un montón de vinilos que habían quedado en la casa de mi abuela (muchos de ellos se quemaron en un incendio que hubo en el comedor hace unas cuantos años más atrás), y el estante corredizo repleto de casettes, originales y grabados. Actualmente estas cintas siguen vivas, e incluyen un original de Gulp de Los Redondos, El Valle Interior de Almendra y otros tantos grabados, con tapas diseñadas a base de recortes por mi viejo en su juventud. El reproductor de vinilo que teníamos era prestado y su dueño original ya se lo había llevado. Pero claro, ahora teníamos para escuchar CD! Esa tarde nos fuimos con mi papá a una disquería de la calle Corrientes, pero no por el centro sino por la zona de Villa Crespo, y compramos Behind the Sun, de Eric Clapton. Ese fue el punto de partida. El reproductor era un Philips que aún funciona y actualmente está en Luján, en la semi-casa de mis viejos (que no se mudan del todo y actualmente tienen dos residencias), junto al hermoso home theatre que por el momento es el único mobiliario del living. Y como suena, COMO suena. Hace unas horas, y no se por qué, me puse a escuchar Behind the Sun y recordé instantáneamente mis primeros días con un reproductor de CD. Como por esos años yo era una niña sin poder adquisitivo, los CD fueron el nuevo ‘papá/mamá comprame’. Igual yo seguía firme en la cultura del cassette, porque tenía walkman propio. Cuando cumplí los 15 años logré completar mi colección de discos de Los Redondos, de los que habían sacado hasta ese momento. Los demás me los fueron regalando a medida que salieron. Mi mamá me los dejaba en mi cuarto con una notita y cuando yo volvía a casa me encontraba con la gran sorpresa. Con mi primer sueldo me compré Madre en Años Luz en un Musimundo de la calle Florida. El siguiente fue A 18’ del sol. Durante años, para cada evento que amerita obsequios con mi viejo nos regalamos discos, y lo seguimos haciendo. La gracia era vivir en la misma casa, entonces todos los regalos que hacíamos los disfrutábamos por igual. Ahora que está cada vez un poco más cerca el momento de separar las casas y finalmente vivir mis viejos en una y yo en otra, se avecina el gran dilema: la división de discos. ¿Y quién le regaló qué a quién? Uh, el Álbum Blanco se la regalé yo… bah, si lo pienso bien todos los de los Beatles se los regalé yo… Pero los de Los Redondos son todos míos. Con los del Flaco salgo perdiendo mal, también. Y los de King Crimson, uh NO. Otra desventaja. En realidad, me costaría mucho llevarme los discos de esos cajones. Creo que construir una casa para mí incluye rearmar mi discografía, que tendrán como base aquella música que adquirí después por mi cuenta sobre la cual no coincidimos en gusto con mi padre. Y algunos regalos especiales como mi caja de Lennon, la de Almendra y la de Yes. Y el primero de Almendra que me dedicó el Flaco para mi cumpleaños del año pasado. Habrá algunos especiales que se vendrán conmigo, y otros quedarán porque son parte de la casa en la que crecí, son como sus ladrillos conceptuales. Son el tesoro familiar, porque tuve la magnífica suerte de crecer en un hogar donde nadie tiene talento para la ejecución de instrumentos musicales pero somos grandes escuchadores de música. Yo, desde la cuna. Y esa base, se va conmigo a donde sea y seguiré invirtiendo, aún en la era Internet, en mis propios ladrillos conceptuales.
viernes, 16 de noviembre de 2007
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